© HERMANAS FRANCISCANAS PENITENTES
RECOLECTINAS DE LA INMACULADA CONCEPCION DE MARÍA
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MADRE MARÍA JOSÉ DE JESÚS

ESPIRITUALIDAD FRANCISCANA

La espiritualidad de las Hnas franciscanas tiene su raíz en el Evangelio según fue vivido por San Francisco y que encontramos resumida en estas palabras: "La Regla y vida de las Hnas. Menores es esta: observar el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, viviendo en obediencia, sin nada propio y en castidad" (2Reg 1).

La fidelidad al Evangelio siguiendo los consejos es característico de todos los institutos de vida consagrada pero quienes llevan el nombre de "Hermanos(as) Menores" ponen su acento en vivir este ideal en humildad y fraternidad: "Ninguno de los hermanos(as) tenga poder o dominio entre ellos, como dice el Señor en el Evangelio: Los jefes de las naciones las dominan y los grandes las oprimen. No ha de ser así entre los hermanos(as). El que quiera ser mayor entre ellos se haga como el menor" (1Reg 5).

El Evangelio de nuestro Señor Jesucristo asumido en radicalidad siguiendo el ejemplo de San Francisco es el principio y norma para nuestra vida. Y para responder al Señor con esta radicalidad las Hermanas consagran su vida con los votos de obediencia, pobreza y castidad vividos en comunidad.

Con los votos ponen la mirada en los valores del Reino que viviremos en plenitud en el Cielo, pero que ya podemos comenzar a vivir aquí y ahora. Esta forma de vida hace ver el sentido último y definitivo de todo y con esta actitud, unidas a la Iglesia, ponen su mirada en todo lo que es verdaderamente humano. “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón” (L. G. 1). Así las Hermanas se sienten llamadas a construir cada día la Comunidad Fraterna que haga visible a Dios, que es Amor y nos quiere a todos.

La Obediencia.

Todo cristiano tiene como tarea su identificación con Cristo de modo que pueda decir: “Vivo yo, pero no yo es Cristo quien vive en mí” (Gal. 2, 20). Esa identificación con Cristo lleva consigo la actitud de obediencia como exigencia básica. Es cumplir siempre la voluntad de Dios. La obediencia del cristiano es la realización plena de la libertad cuyo sentido es la comunión con Dios y con los hermanos.

Con el Voto de Obediencia, las Hermanas se comprometen a buscar en todo momento de su vida la Voluntad de Dios y para evitar el peligro de apego a la propia voluntad, que siempre puede estar muy escondido dentro del corazón, se deja en manos de la Superiora la última decisión. De este modo se comprometen a expresar con su vida que lo único que importa es cumplir la Voluntad de Dios.

La Madre María José nos dice sobre la obediencia. Las Hnas prestarán oídos a la voluntad de Dios. Atenderán a todas las personas con las que tengan contacto. En fidelidad a su propia conciencia y al diálogo con la autoridad darán sentido a su vida.

Para Francisco, la obediencia es ser aceptado en la comunidad y una opción consciente de un estilo de vida inspirado por el Evangelio. Esta obediencia es posible solo con fe. Una fe en el cual la una está abierta a la otra y donde mutuamente nos damos espacio para vivir.

La obediencia religiosa significa entrar en el plan de salvación de Dios, y participar en la misión de Jesucristo que continúa en la vida personal, como en la vida comunitaria. En esto permaneceremos abiertas a los signos de los tiempos en la Iglesia y en la sociedad.

La Pobreza.

Quien descubre el Reino de Dios, descubre al mismo tiempo que todos los bienes del mundo no son suficientes para ganarlo y entrar en él. Quien descubre el Reino todo lo orienta hacia el Reino, deja la suficiencia que tenía en sí mismo y en sus cosas, se da cuenta de su pobreza ante el regalo que se le ofrece y se abandona en las manos de Dios con toda confianza. Toda la vida adquiere un sentido nuevo. Todo se mira con la mirada de Dios y todo se coloca al servicio del amor. Nada que esté fuera del amor a Dios y a los hermanos tiene sentido. Esta actitud es la que corresponde a la pobreza evangélica a la que está llamado todo cristiano.

Con el Voto de Pobreza las Hermanas tratan de dar una respuesta libre al Señor para asociarse a Él en la entrega a todos, desde la solidaridad con los pobres. Es una consagración de la vida para crecer en la identificación con el Señor, tratando de alejar la esclavitud de quien cae en la tentación del “tener”. Se trata de mantener siempre la libertad para amar como el Señor ama.

La pobreza vivida en comunidad lleva consigo el desprendimiento de la propia voluntad (desprendimiento de los caprichos, gustos, deseos personales, propio parecer, etc. que no sean conformes con la comunidad). Se trata de usar solamente aquellas cosas que sean necesarias como medios para servir mejor al Señor.

La Madre María José nos dice sobre la Pobreza. Toda nuestra vida espiritual y externa debe ser sencilla y las Hnas. darán testimonio de ello. En el seguimiento de Jesús no se apegarán a los bienes terrenales y se desprenderán de todo.

Para Francisco el ser Pobre es un desafío de vida que toca al hombre en su totalidad. Exhorta: “Nada de vosotros retengáis para vosotros mismos a fin de que enteros os reciba el que todo entero se os entrega” (Carta a la orden 29)

Francisco, no solo desea el desprendimiento, sino también el compartir todos los dones espirituales y bienes materiales.

El Voto de Castidad.

Los esposos consagran su vida particularizándola mutuamente el uno para el otro. Estas personas expresan de una forma muy especial la intimidad de la comunión.

Otros cristianos sienten el llamado del Señor a renunciar al matrimonio, de modo que, en vez de particularizar su vida para la comunión de intimidad con otra persona, la universalizan para vivir con todos la comunión de la fraternidad del Reino, que ya podemos comenzar a vivir, y que viviremos en plenitud y par siempre en el Cielo.

Con el voto de castidad, respondiendo a un llamado del Señor, no es una renuncia al matrimonio por desprecio hacia él, ni por capricho egoísta, ni por cualquier otra motivación distinta al Señor mismo y su Evangelio. Se trata de consagrar la vida para vivir la fascinación del Reino.

Con el voto la vida entera queda consagrada para señalar permanentemente hacia el Cielo. Invitando a todos para llevar su vida con la mirada en lo definitivo. En el Cielo ya no habrá matrimonio pero sí la profunda fraternidad de los hijos de Dios.

Quienes se consagran con el voto de castidad quedan especialmente destinados a la vida fraterna. La Comunidad es la expresión de esta dimensión de fraternidad y escuela permanente para crecer en ella. Cada miembro de la Comunidad ha de aprender a amar de verdad a quienes el Señor ponga en su camino sin pretender quedarse con nadie y sin detener ni desviar a nadie del camino que le señale el Señor.

La Madre María José nos dice: Las Hnas. harán una alianza con Dios en amor puro.

Deben respetarse la una a la otra con un sentimiento íntimo de aprecio, servicialidad y amor.

Para Francisco una vida casta y célibe significa: Amor y admiración por la creación; alabanza a Dios por todo lo bueno y hermoso en ella; al mismo tiempo una renuncia radical y pobreza a ejemplo de Jesucristo. Amor a los hombres tan intenso que trata a todos como hermanas y hermanos en igualdad, en unión y respeto.

Amor a la Sagrada escritura, tan grande que el logra traducir de un modo profético el mensaje del amor de Dios por los hombres.