© HERMANAS FRANCISCANAS PENITENTES
RECOLECTINAS DE LA INMACULADA CONCEPCION DE MARÍA
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MADRE MARÍA JOSÉ DE JESÚS

CARISMA DE LAS HNAS. FRANCISCANAS PENITENTES RECOLECTINAS DE LA INMACULADA CONCEPCION DE MARIA

" Nuestro Carisma es un legado patrimonial, una herencia de nuestra Madre Fundadora, que nos ha sido transmitida y que hemos recibido como don gratuito y como una corresponsabilidad, para que, lo vivamos, lo custodiemos, lo profundicemos y lo vayamos desarrollando constantemente".
(Const. 1.3 )

I.- CARISMA.
El Carisma de un Instituto religioso, por el cual éste se constituye fundamentalmente, es una especial donación o comunicación de gracia que Dios hace a su Fundadora, para utilidad de la Iglesia. Por el CARISMA les confía una Misión en la Iglesia, como una obra de servicio a ésta, dentro del plan divino de salvación.

Las Constituciones de nuestra Congregación definen así el Carisma:
LA CONGREGACION DE LAS HERMANAS FRANCISCANAS PENITENTES RECOLECTINAS DE LA INMACULADA CONCEPCION DE MARIA, RECONOCE SU CARISMA, " POR LA INFINITA BONDAD DE DIOS NOS HA SIDO REVELADO QUE FUE SU EXPRESA VOLUNTAD, QUE SE PRODUJERA UNA RENOVACION AL FUNDAR UNA NUEVA CONGREGACIÓN, NO TANTO POR LA INTRODUCCION DE AUSTERIDADES EXTERNAS, SINO MAS BIEN EN EL ESPIRITU DE LAS RELIGIOSAS; POR LA IMITACION FOGOSA DE LAS VIRTUDES DE LOS PRIMEROS CRISTIANOS. " (Escr. M. J.)

Al ingresar en la Congregación, cada Hermana Franciscana, nos hacemos partícipes de ese don. Partícipes, esto es beneficiarias y responsables.

El Carisma, lo recibe la persona, pero no en cuanto individuo o aisladamente, sino en cuanto miembro de una comunidad y para ser vivido en comunidad. La capacidad y obligación de responder de este don en que consiste la vocación divina, se convierte en corresponsabilidad, porque la vocación, es convocación . El Carisma, tiene que vivirse siempre en relación recíproca de unas con otras. 

II.- EL CARISMA DE MADRE MARIA JOSE DE JESUS Y DE NUESTRA CONGREGACION.

Amor Mutuo
"La primera cualidad de los primeros cristianos que debemos seguir es: el Amor Mutuo . Habían recibido el Espíritu Santo y por eso sus corazones estaban tan fundidos entre sí, que parecían tener un solo corazón. El amor distinguía tanto sus actividades, que hasta los gentiles los reconocían como discípulos de Cristo. Debemos seguirlos especialmente en esto. Dios quiere regalar específicamente este Don de Amor a la Congregación por los, frutos que dará." (Escr. M. J.)

" Los hermanos y las hermanas ámense entre sí por amor de Dios, como dice el Señor: Este es mi mandamiento, que os améis unos a otros como yo os he amado. Y muestren con las obras el amor que se profesan mutuamente. Cada uno manifieste confiadamente a los demás su propia necesidad, a fin de ser ayudado y servido por ellos en lo que necesita. Son bienaventurados los que aman tanto a su hermano cuando se halla enfermo y no puede corresponderles, como cuando se halla sano y puede corresponderles." ( Regla III ord.- 23)

Sencillez Evangélica
" La segunda cualidad de los Primeros Cristianos es: una verdadera Sencillez Evangélica. Esta virtud también es una cualidad de nuestra Santa Orden. Dios quiere que todas la protejamos muy bien, como hijas de tan sencillo y humilde Padre Francisco. Toda nuestra manera de actuar debe ser humilde y modesta; así debemos ser edificantes la una para la otra, incluso con las personas del mundo cuando se nos presente la oportunidad." (Escr. M. J.)

" En la Caridad que es Dios, todos los hermanos y las hermanas, ya oren, ya sirvan, ya trabajen, procuren humillarse en todo, sin vanagloriarse ni complacerse de sí mismos ni envanecerse interiormente de las palabras y obras buenas, más aún, de bien alguno que Dios hace o dice o realiza alguna vez en ellos y por medio de ellos. En todo lugar y en toda circunstancia, reconozcan que todos los bienes son del Señor Dios altísimo, dueño de todo, y tribútenle gracias, porque todos los bienes proceden de él. " Regla III Ord.- 31

Laboriosidad Activa

" La tercera cualidad de los Primeros Cristianos es: una Laboriosidad Activa en el servicio del Señor.

Los primeros Cristianos, iluminados por el Espíritu Santo que habían recibido, no pusieron límite a su aplicación. Estaban dispuestos a todo. Las obras de caridad, a veces humillantes fueron peleadas por ellos para realizarlas. Según la palabra de Cristo en la Parábola del herido en el camino a Jericó; y aún más llevados por lo que Jesucristo mismo había hecho y sufrido por puro amor." (Escr. M. J.)

" Como hermanos y hermanas pobres, a quienes el Señor a dado la gracia de servir y de trabajar, sirvan y trabajen con fidelidad y con devoción, de tal manera que, evitando la ociosidad, enemiga del alma, no apaguen el espíritu de la santa oración y devoción, al que deben servir las demás cosas temporales. (Regla III Ord. 18)

Desprendimiento
" La cuarta cualidad de los primeros Cristianos es: un verdadero Desprendimiento. Traían todas sus posesiones a los pies de los apóstoles y se desprendían de todo. Esta renuncia comienza con aquellos a quienes Dios da la gracia de ser llamados a su Santo Servicio, desde el primer paso que dan para seguirle a El." (Escr. M. J.)

" Los que son verdaderamente pobres de espíritu, siguiendo el ejemplo del Señor, no hacen de cosa alguna objeto de apropiación, reservándola egoístamente para sí, sino que viven como viajeros y forasteros en este mundo. Esta es la celsitud de la altísima pobreza, que nos ha constituido herederos y reyes del reino de los cielos, nos ha hecho pobres de cosas y nos ha enaltecido en virtudes.

Sea ésta nuestra porción, la que conduce a la tierra de los vivientes. Estrechándonos a ella totalmente, ninguna otra cosa queramos tener jamás bajo el cielo." (Regla III Ord. 22)

Respeto Mutuo
" La quinta característica que distinguía a los creyentes de la primera Iglesia, de cualquier otra creencia, era el Respeto Mutuo que tenía el uno para el otro pues se consideraban como santos, porque estaban unidos a Jesucristo, El Santo de los Santos. Pablo, hablando de los creyentes, les llamaba santos, aunque no todos eran santos todavía." (Escr. M. J.)

" Este respeto que no se expresa en cumplidos vanos, como generalmente se da en el mundo; sino en un sentimiento interior de respeto, servicialidad y amor, que impide todas las faltas que son contrarias al mandamiento del Amor: Toda difamación, desagrado, antipatía y más cosas dentro de nosotras. Al contrario se alegran en la mutua compañía" (Escr. M. J.)

" Y, donde quiera que estuvieren y en cualquier lugar donde se hallaren, han de tratarse entre sí espiritual y atentamente, con respeto y consideración. Y fomenten la unidad y la comunión con todos los miembros de la familia Franciscana." (Regla III Ord. 3b )

Espíritu de Oración
El Espíritu de Oración es como el fermento que empapa toda la vida de los miembros de la Congregación. Madre María José, también encuentra ese espíritu entre los Primeros Cristianos:

El Espíritu de Oración es sobre todo el espíritu, la vida y el alma de los miembros de esta Congregación. La vida apostólica que deben tratar de seguir comienza con la oración perseverante. Pues, los Apóstoles estaban unidos y retirados en oración, cuando el Espíritu Santo descendió sobre todos ellos, de una manera visible. En ese momento recibieron en abundancia el Espíritu de Oración, y desde entonces rezaban sin cesar. Todos sus hechos estaban basados en la Oración y por eso fueron fructíferos. Y, ya que nosotras somos llamadas a seguir en cierta medida el ejemplo de los Apóstoles y de los primeros cristianos, también tenemos que buscar nuestro apoyo en la Oración.

Es así que todas pueden ser valiosas para la Congregación; Enfermas y sanas, sabias e iletradas y así responder a la alta intención que Dios tuvo, llamándonos a esta Congregación, para santificar nuestra alma y al mismo tiempo colaborar en la Santificación de los demás. (Escr. M. J.)

Donde quiera y en todo lugar, a toda hora y en todo tiempo, los hermanos y las hermanas crean sincera y humildemente, y tengan en el corazón, y amen, honren, adoren y sirvan, alaben, bendigan y glorifiquen al altísimo y sumo Dios eterno, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Y Adórenle con corazón puro, porque es necesario orar de continuo y sin desfallecer; ya que tales adoradores busca el Padre. Con ese espíritu, han de celebrar el oficio divino en unión con la Iglesia universal. Regla III Ord. 9.